Las redadas masivas de ICE dejan un rastro de miseria y comunidades rotas

Un mes después de que docenas de agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) rodearon una planta empacadora de carne en Morristown, Tennessee, y detuvieron a 97 hombres y mujeres que trabajaban allí, la estrecha comunidad rural todavía se tambalea, pero el choque inicial se sumió en un dolor silencioso a medida que las familias se adaptan a las vidas sin trabajo y sin sus seres queridos.

A medida que los enviados a los centros de detención de inmigrantes en todo el país empezaron a comparecer ante los jueces para las audiencias de fianzas este mes, algunas familias se reunieron, aunque todavía enfrentaban procedimientos de deportación, mientras que otras se preparaban para largas separaciones. Hasta el jueves, 20 de los arrestados el 5 de abril fueron liberados, pero muchos más permanecieron detenidos. “La tragedia continúa desarrollándose”, dijo Stephanie Teatro, co-directora ejecutiva de la Coalición de Inmigrantes y Refugiados de Tennessee. “Algunas familias están recibiendo noticias realmente terribles”.

La administración Trump ha prometido más aplicación de [las leyes de] inmigración en los lugares de trabajo. En enero, el director interino de ICE Thomas Homan dijo que estas operaciones aumentarían en un 400 por ciento. Como The Intercept informó el mes pasado, ICE pareció arrestar a los trabajadores de la planta de Southeastern Provision en función de su origen étnico en lugar de hacer preguntas para determinar si eran elegibles para el arresto y la deportación. El día después de la redada, alrededor de 550 niños faltaron a la escuela. Al menos 160 niños se encontraron sin al menos uno de sus padres.

El martes, el Fiscal General Jeff Sessions dijo que “no está derramando lágrimas” a causa de las familias desgarradas por la redada. “No se puede obtener una ventaja en este país al tener un gran número de trabajadores ilegales trabajando para usted”, agregó Sessions refiriéndose a los propietarios estadounidenses de la planta. “No puede beneficiarse de estar en este país y buscar en todo el mundo al trabajador más barato que pueda encontrar”.

Pero mientras la redada fue provocada por una investigación del IRS (Internal Revenue Service (Srvicio de Ingresos Internos)) sobre el negocio familiar cuyos propietarios fueron acusados ​​de evadir impuestos, presentar declaraciones de impuestos falsas y emplear ilegalmente a trabajadores indocumentados, hasta ahora no han sido acusados.

La redada de Tennessee fue la mayor operación de imposición de inmigración en un lugar de trabajo en casi una década: hace diez años 389 trabajadores indocumentados, incluidos varios adolescentes, fueron detenidos en otra planta de procesamiento de carne en la pequeña ciudad de Postville, Iowa. El devastador impacto de esa incursión dura hasta hoy y ofrece una idea de lo que le espera a Morristown.

Pedro López tenía 13 años y estaba sentado en clase cuando él y sus compañeros escucharon el fuerte zumbido de los helicópteros sobre sus cabezas, una curiosidad en Postville, el pueblo rural de 2,200 habitantes donde vivía con sus padres y dos hermanas. Los niños corrieron hacia las ventanas y miraron los helicópteros, pero su entusiasmo rápidamente se convirtió en terror cuando alguien dijo que los helicópteros estaban llevando a cabo una redada de inmigración en una planta de procesamiento de carne local, el mayor empleador de la ciudad.

Ambos padres de López trabajaron en la instalación kosher de Agriprocessors, alternaban los turnos para que “pudiéramos tener a alguien en casa y no quedarnos solos”, dijo a The Intercept. López, sus padres y su hermana mayor eran indocumentados, al igual que muchos de los que trabajaban en la planta; su madre estaba en el trabajo esa mañana. Cuando un maestro confirmó la noticia del ataque, López se sentó en su escritorio, bajó la cabeza y comenzó a llorar. “Hay mamá. Mamá está en la planta. Ella definitivamente está trabajando en este momento”, recuerda haber pensado. “Solo quería que alguien me despertara de esta pesadilla y me dijera que todo está bien, es un mal sueño, te despertarás y todo volverá a la normalidad”. Pasaría más de un año antes de que López viera a su madre otra vez

Casi el 20 por ciento de la población de Postville fue detenido ese día. Los helicópteros circularon por la tranquila ciudad durante horas, mientras cientos de agentes armados pululaban por las calles bloqueando cada entrada con vehículos, luces intermitentes, persiguiendo a personas que habían intentado escapar, persiguiéndolos en los campos e ingresando a las casas, sacando gente fuera de los armarios de acuerdo con las historia de lo que sucedió de ese día. Los residentes quedaron tan traumatizados que unos días después del ataque, cuando un camión que transportaba hielo atravesó la ciudad, la gente entró en pánico nuevamente ya que pensaron que la palabra “ICE” pintada en el camión significaba que los agentes de inmigración habían regresado.

Al igual que con el reciente ataque de Tennessee, el de Iowa fue provocado por violaciones fiscales por parte de los gerentes de la planta, quienes también sometieron a los trabajadores a condiciones inseguras y tratamiento abusivo. Sholom Rubashkin, director ejecutivo de la planta de Postville, finalmente fue declarado culpable de 86 cargos de fraude financiero y sentenciado a 27 años de prisión. El presidente Donald Trump conmutó su sentencia en diciembre pasado.

Después de la redada, los trabajadores fueron trasladados en autobuses al Congreso Nacional de Ganado, una instalación a dos horas de distancia que normalmente se usa para exhibiciones de ganado. Durante los días siguientes, fueron llevados ante un juez con grilletes y en grupos de 10. Temiendo que ICE volviera por su esposo e hijos, la madre de López les dijo a las autoridades que ella estaba sola en el país.

Fue entonces cuando comenzó lo peor, dijo López. Durante los siguientes seis meses su madre fue trasladada de un centro de detención a otro en Iowa, Missouri, Georgia y Florida, mientras su familia se apresuraba a averiguar dónde estaba. Luego, el [día del] cumpleaños de su esposo, ella fue deportada a México.

Con su madre ausente y su padre sin trabajo mientras la planta cerraba, la vida modesta pero feliz de López en Postville terminó de la noche a la mañana. “Afectó mucho a mi padre porque era precisamente de lo que estábamos escapando en México: la pobreza, la incapacidad de tener algo”, dice López. “La casa estaba triste, estaba muerta, no había vida”. El calor que debe haber en una casa no estaba allí”.

Lopez comenzó a buscar trabajo. A veces decía que no tenía hambre, por lo que su hermana menor podía tener más comida. La familia vivía en su casa con sus pertenencias empacadas, por si ICE regresaba y los obligaba a regresar a México, una perspectiva que aterrorizaba a López, quien llegó a los Estados Unidos cuando era pequeño, habla inglés sin rastro de acento y dice que cuando la gente le pregunta de dónde es realmente, él responde que es ” realmente de Postville, Iowa”.

Postville nunca fue el mismo lugar después del ataque.

“El curso de nuestras vidas cambió para siempre”, dijo López. “La mayoría de estas personas vinieron de la nada y en Postville tenían un poco de algo. No era mucho, pero era su hogar. Pusieron su sangre, su sudor, sus lágrimas en ella, y sus sueños fueron truncados”.

Después del ataque la economía de Postville se derrumbó. Las casi 400 personas eliminadas durante la noche fueron seguidas por muchos que huyeron por temor a más redadas de ICE o porque no les quedaba nada allí, y con ellos desapareció el dinero que habían gastado en alquileres, comestibles y lavanderías. Las tiendas y restaurantes locales cerraron. La escuela estuvo cerca de  cerrar también. Las familias inmigrantes, pero también las judías que habían confiado en la planta para el trabajo, acudieron a la iglesia local en busca de ayuda. Los efectos se extendieron a las ciudades cercanas como Decorah, donde los residentes de Postville compraban en el Walmart local. No hubo más quinceañeras, ni bautismos  ni bodas, dijo López, refiriéndose a los cumpleaños, bautizos y fiestas de bodas que hicieron que la ciudad fuera tan vibrante. “Teníamos dos tiendas mexicanas, una tienda guatemalteca, un restaurante guatemalteco, un restaurante mexicano, una pizzería. … Fue hermoso.”

El mes pasado la gobernadora de Iowa Kim Reynolds firmó un proyecto de ley “antisantuario” que recorta los fondos estatales a las ciudades y condados del estado que se niegan a cooperar con las autoridades federales de inmigración. El proyecto de ley, que siguió las decisiones de los funcionarios de Iowa City y Johnson County de limitar la cooperación con ICE, ha vuelto a encender los temores en diversas comunidades, que como Postville, siguen profundamente traumatizadas por la redada de 2008.

“Si realmente observa dónde están las comunidades que tienen la mayor cantidad de inmigrantes (…) estas son realmente las comunidades que han descubierto estas cosas”, dijo Matt Hildreth, director político del grupo de derechos de los inmigrantes America’s Voice. “No luchan con el debate nacional. Hay algo de tensión y no quiero minimizarlo, pero en gran medida siguen con su día y hacen su trabajo. No es este el tema candente”.

Hildreth, él mismo de una ciudad pequeña y conservadora en Iowa, acredita a su incursión en Postville su propio despertar político mientras cubría para la revista Sojourners los acontecimientos. Recuerda haber entrevistado a una mujer estadounidense blanca, una veterinaria en la planta, que le dijo que su hijo había estado aterrorizado de que se llevaran a sus padres mientras luchaba por comprender la redada. “Todo lo que sabía era que a su amigo de la escuela le llevaron a sus padres y él pensaba que se iban a llevar a su madre”, dijo Hildreth señalando la desconexión entre las comunidades que viven con inmigrantes y “algún burócrata en Washington DC completamente alejado de tu realidad, mismo que un día decide ‘Oh, vamos a elegir a esta gente'”.

Uno de los argumentos favoritos de los defensores de la dura aplicación de la [ley de] inmigración es que los inmigrantes indocumentados les quitan trabajos que de otro modo irían a los estadounidenses. Pero pocos estadounidenses están dispuestos a trabajar en plantas procesadoras de carne y aún menos están dispuestos a trasladarse a pequeños pueblos rurales.

“En una ciudad pequeña, si no estás creciendo te estás muriendo, y en este momento hay una lucha masiva en los pueblos pequeños y las comunidades rurales para mantener a las pobladores que tienen y reclutar nuevos”, dijo Hildreth, quien también ha trabajado como organizador en comunidades rurales. “Solo un par de miles de personas vivían en esa ciudad, y cuando se llevan 300 en un día, sin mencionar a todas las familias que lo abandonaron, es difícil recuperarlos”.

“Cuando la gente dice que no se puede deportar a 11 millones de personas creo que Postville es un ejemplo perfecto de por qué”.

En los años posteriores al ataque Postville se convirtió en un estudio de caso de política de inmigración fallida, con investigadores que analizaron el devastador impacto de la redada  en la economía y la salud de la comunidad. Un estudio relacionó el allanamiento con pesos de nacimiento más bajos de bebés nacidos de madres latinas en los meses siguientes.

Pasaron años para que Postville se recuperara, y cuando comenzó a hacerlo, fue de nuevo gracias a la afluencia de inmigrantes nuevos y recurrentes de América Central, así como a un creciente número de refugiados somalíes que encontraron trabajo en la misma planta empacadora de carne bajo nuevos propietarios. La ciudad, que antes del ataque era el hogar de blancos de Iowa y Judios jasídicos, así como mexicanos y guatemaltecos, es aún más diversa hoy en día ya que europeos orientales y somalíes se han trasladado allí en los últimos años. La diversidad de Postville es rara en el noreste de Iowa, pero no es única en los pueblos pequeños y las zonas rurales de Estados Unidos, donde las comunidades en las que los inmigrantes viven junto a sus residentes tienen poco que ver sobre la retórica y las políticas de inmigración de sus estados.

La madre de López finalmente regresó a los Estados Unidos con una visa para víctimas de crímenes que muchos de los detenidos en Postville obtuvieron cuando testificaron contra la administración de la planta. Toda la familia ahora tiene residencia permanente, pero su trauma permanece. Cada vez que López ve un automóvil policial en el espejo retrovisor, vuelve el miedo. “Solo hace falta un policía que no esté teniendo un buen día y aún podría terminar bajo custodia por cualquier razón”, dice. Hoy él trabaja en Minneapolis y está estudiando para el LSAT. “Estoy tratando de hacer lo que mis padres no pudieron hacer: vivir la vida estadounidense y soñar”.

Pero la redada de Tennessee reabrió una vieja herida.

“Este ataque no solo destruyó familias y tuvo un impacto increíble en todos los que la rodean”, dijo, también siento que es otra victoria para los Trumpistas y para cualquiera que piense que ese fue un movimiento correcto”.